11o. Dom Ord Ciclo A
(Id=409)
Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada
Lectura del libro del Exodo
19, 2-6a
En aquellos días, los israelitas habían
salido de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí, y allí acamparon frente a
"Así hablarás a la descendencia de Jacob; así dirás a los hijos de Israel:
"Ya han visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a ustedes los he
llevado sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si me obedecen
fielmente y guardan mi alianza, ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre
todos los pueblos, porque toda la tierra es mía; serán para mí un reino de
sacerdotes, una nación santa".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 99
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.
Nos pópulus eius et oves páscuae eius
Alabemos a Dios, todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos a su templo.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.
Nos pópulus eius et oves páscuae eius
Reconozcamos que el Señor es Dios, que
él fue quién nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.
Nos pópulus eius et oves páscuae eius
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna si misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
El Señor es nuestro Dios, y nosotros su pueblo.
Nos pópulus eius et oves páscuae eius
Si la muerte de Cristo nos reconcilió con Dios, mucho más nos reconciliará su vida
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5, 6-11
Hermanos: Cuando todavía no teníamos
fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo
señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque
puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena.
Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando
aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos
salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios
fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón,
estando ya reconciliados, recibiremos la salvación
participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos
gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos
obtenido ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
aleluya,
aleluya.
El Reino de Dios, está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
Appropinquávit regnum Dei;
paenitémini et crédite Evangélio
aleluya.
Jesús envió a sus doce apóstoles con instrucciones
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 36-38; 10, 1-8
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque
estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus
discípulos:
"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al
dueño de la mies que
envíe trabajadores a sus campos".
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los
espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón,
llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano;
Santiago el Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús
con estas instrucciones:
"No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan
más bien en busca de las ovejas perdidas de
gratuitamente".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas.
Por eso,
con todos los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]